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La tradición japonesa de observar las flores se llama Hanami (花見 lit. “ver flores”) y generalmente se refiere al período en que florecen los cerezos y en el que los japoneses acuden en masa a parques y jardines a contemplar sus flores (sakura).

La historia dice que la celebración del Hanami en Japón nació aproximadamente en el Período de Nara (710–794) resultado de la influencia ejercida por Dinastía Tang procedente de China. Aunque inicialmente las flores más admiradas fueron las de los ciruelos (ume) a partir del período Heian (794–1185) se popularizó la contemplación del florecimiento del cerezo.

Con el tiempo el cerezo se ha converido, en un símbolo nacional pseudoficial, y en algunas ocasiones es regalado por el Gobierno como símbolo de hermandad a otros países. El símbolo nacional, es el crisantemo de oro, símbolo del emperador japonés.

En cuanto a la actual celebración del Hanami en Tokio, y para poder disfrutar de la espectacular belleza que resulta de la explosión de las flores de los cerezos, los japoneses, cámaras o teléfonos móviles en mano, llenan las calles, paseos y sobretodo los parques para poder contemplar y retratar junto a los suyos, ya sean amigos o familiares, este regalo visual que ofrece la primavera hacia finales de Marzo en la capital, Tokio.

Algunos de los sitios más populares donde poder contemplar este espectáculo son los parques de Ueno, Shinjuku, Inokashira o Yoyogi.

 En 1912, el alcalde de Tokio, Yukio Ozaki, le obsequió a la ciudad de Washington, D.C., 3.000 cerezos para honrar la amistad entre los Estados Unidos y Japón. En aquel entonces, hace ahora un siglo, la esposa del presidente, Helen Taft, y la mujer del embajador de Japón plantaron dos cerezos y sin preverlo, sentaron las bases de lo que se convertiría en unos de los mayores espectáculos naturales de Estados Unidos, hoy en día, las flores blancas y rosadas son uno de los espectáculos más adorados del área; y el Festival Nacional de las Flores de los Cerezos es el evento más popular de la región, atrayendo a cientos de miles de visitantes cada año.

A lo largo del Tidal Basin pueden verse aún 100 de los árboles originales, que han sobrevivido un siglo. Pero en total, unos 3,700 cerezos se distribuyen por las orillas de este lago artificial situado a tres kilómetros del Capitolio. Cuando florecen las 16 clases de árboles, los paseos por el barrio del gobierno en Washington se tiñen de rosa.

La fiesta de la floración del cerezo en Washington, que se celebra desde 1935, tiene un significado que va más allá de lo meramente turístico: el regalo japonés de hace 100 años simbolizaba la creciente amistad entre ambos países. Los árboles superaron el enfrentamiento durante la Segunda Guerra Mundial y, aunque tras el ataque japonés a Pearl Harbor (1941) se suspendió la celebración, dos años más tarde, tras la capitulación de Japón, regresó la fiesta.

Un siglo después de aquel regalo, Japón vuelve a apostar por “la diplomacia de los cerezos”. El encargado de negocios de la embajada japonesa, Kazuhide Ishikawa, aseguró a los estadounidenses con motivo del festival que su amistad “se profundizará a lo largo de otros cien años”. Aunque es poco probable que los árboles originales vivan para ver el bicentenario: según Johnson, los cien cerezos supervivientes casi han duplicado su esperanza de vida.

Para el festival del aniversario de 100 años, el evento se ha ampliado y abarcará cinco semanas de vistas espectaculares del 20 de marzo al 27 de abril. Con sus raíces culturales, no es de sorprender que este evento internacional vaya más allá de las flores: hay presentaciones musicales y de baile, exposiciones especiales, desfiles, festivales en las calles y más.

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